Aug 20, 2014

Una crisis Millonaria

En House of Cards, la galardonada adaptación estadounidense de la serie británica del mismo nombre que narra las maquinaciones de un congresista sin escrúpulos para trepar en el escalafón político de EEUU, el matrimonio entre su protagonista, Kevin Spacey, y Robin Wright es una sociedad puramente basada en los intereses comunes. El deseo es cosa del pasado pero la pareja se mantiene unida en una perfecta coreografía de apariencias porque se necesitan para alcanzar sus ambiciones personales. Los paralelismos con Beyoncé y Jay Z se antojan innegables. En medio de una oleada de rumores sobre una posible separación, el matrimonio se ha esforzado por contrarrestarlos con guiños y arrumacos durante su reciente gira conjunta por su país. Quizás valiera la pena: solo con las entradas han ingresado 100 millones de dólares (unos 75 millones de euros).

Semanas después de la famosa trifulca del ascensor, cuando Solange, la hermana de la cantante, se lió a patadas y puñetazos con el rapero delante de una pasiva Beyoncé, la prensa del corazón estadounidense publicó que se había visto a la diva del R&B buscando sola un apartamento en Nueva York. Las habladurías apuntaron a que en ningún caso Jay Z estaría dispuesto a abandonar su preciado apartamento de Tribeca por uno la mitad de pequeño como el que buscaba Beyoncé.

«APENAS SE HABLAN» / Tampoco parecía tener sentido que el chamizo que perseguía, una mansión acristalada de unos 400 metros cuadrados y unos 20 millones de dólares (15 millones de euros), fuera a ser un regalo para su madre y su hermana. «No tendría sentido», decía una fuente del tabloide New York Post.

A la información sobre el apartamento le han seguido otras que hablan de una posible e inminente ruptura del matrimonio seis años después de que pasaran por el altar. «Apenas se hablan el uno al otro», decía una fuente de HollywoodLife, refiriéndose a su relación durante On the run, la gira multimillonaria que durante los dos últimos meses ha llenado estadios a lo largo y ancho de EEUU. «Después de actuar, cada uno se va por su lado. Hay mucha tensión, no están contentos y se nota delante de las cámaras». Page Six publicaba además que han estado viviendo separados durante la gira. «No es que duerman en habitaciones diferentes, sino que se quedan en hoteles distintos y llegan a los conciertos por separado».

Beyoncé ha tratado de acallar los rumores colgando fotos en su cuenta de Instagram que destilan química y buen rollo. Pero la prensa del ramo tiende a pensar que son parte de una estrategia de relaciones públicas para no ahuyentar a los fans y seguir haciendo caja (en septiembre actúan en París). El dúo de Drunk on love ha ingresado 5,2 millones (3,8 millones de euros) de dólares por show, con un aforo medio de 45.000 espectadores, según el vicepresidente de la promotora Live Nation.
 
po RICARDO MIR DE FRANCIA
WASHINGTON