Aug 28, 2014

El concierto de Miley

En nuestro país desde hace años tenemos en radio, televisión y hasta en la prensa escrita comunicadores y “enganchados” a periodista que hacen un uso irresponsable e irrespetuoso del micrófono y expresan toda clase de vulgaridades, palabras obscenas e injurias. Ante esto, que tristemente es algo recurrente y a pesar de las quejas de algunas asociaciones y del público que se siente maltratado, la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía (CNEPR) nunca ha movido un dedo.

También en los medios nacionales se han visto “manoseos” de partes íntimas, promoción abierta de prácticas sexuales, difamaciones, ofensas, exhibicionismo y conductas que algunas personas podrían considerar reprochables, pero nada de ello ha resultado en prohibiciones o suspensiones por parte de la Comisión.

No obstante, la costumbre ha sido la libertad y el “dejar hacer”. Recientemente y luego de la venta de miles de boletas, la inversión de los patrocinadores, la abundante publicidad y los meses que hace que el evento fue anunciado, la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía decide despertar de su letargo y disponer la prohibición para presentar el concierto de la artista pop Miley Cyrus en República Dominicana, que estaba previsto para llevarse a cabo el 13 de septiembre del año en curso, alegando que la producción de su gira “Bangerz Tour” está “reñida con la moral y las buenas costumbres”.

La gira de esta popular artista, cuyas canciones lideran los conteos en más de 70 países, inició el 14 de febrero de este año y desde entonces no ha tenido pausa. Sin embargo, República Dominicana es el único lugar donde su participación ha sido suspendida por disposición de las autoridades locales.

Esta decisión no sólo ha convertido al país en objeto de burlas de numerosos medios internacionales, sino que llama la atención porque confirma que la usualmente inactiva Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía actúa de forma sospechosamente selectiva. Y aunque no está claro si la absurda decisión se debe a una crisis de hipocresía moralista como la que lamentablemente abunda en la aún subdesarrollada sociedad dominicana o si sus motivos son más espúreos y mercuriales, debería la institución con urgencia revisarla, a ver si les llega una ráfaga de luz repentina que les revele que es innecesaria, que están haciendo el ridículo y que lo mejor que pueden hacer es revocar la controversial resolución, pues es de sabios cambiar de opinión cuando se está cometiendo un error.
 
Por Leila Mejía via elcaribe.com.do