Jul 29, 2014

Lo que pasó cuando hice el amor todos los días durante un año

He hecho el amor todos los días durante un año, y no te lo he contado.
Pero lo he grabado, así que puedes verlo -> ¡aquí!

Es broma.

Ni siquiera estaba segura de que fuera a hacerlo de verdad, pero aquí estamos. *golpecito en el espacio vacío en el sofá*

Todo empezó con un email que nunca publiqué en la sección the mails de mi web, principalmente porque era una de esas verdades que duelen más de la cuenta.

    22 de mayo 2012

    para: andy@email.com
    de: brittany@email.com

    Hola, ¿puedes decirme cinco partes de mi cuerpo que te gustan?

    para: brittany@email.com
    de: andy@email.com

    Culo, pelo, cara, labios, canalillo

    para: andy@email.com
    de: brittany@email.com

    Guau, despacio Casanova, estoy a punto de quedarme embarazada, no te pongas tan descriptivo.

    para: brittany@email.com
    de: andy@email.com


    Bueno, la verdad es que hace años que no te veo completamente desnuda.

Y bien, mierda.

Lo cierto es que soy horrible en la intimidad. En mi familia no nos abrazamos y a veces odio mi cuerpo, así que sí, tengo el perfil perfecto del autista. Mi marido es muy guapo y sobre todo muy, muy sexy, pero los problemas venían de mi parte. No podía calmar mi inseguridad, y el sexo pronto se convirtió en una experiencia que me provocaba ansiedad y terminaba siempre de una de estas dos maneras.

1. Lo evitaba. Daba demasiado calor y era estresante esconderme bajo dos edredones y un mono de esquí, así que en vez de eso, ponía en marcha estrategias de distracción. Tengo calambres. Tengo demasiado trabajo. Gigi tiene miedo de dormir sola, vamos a traérnosla a la cama. Sí, he usado a mi hija de cuatro años como barrera. No se puede tener ganas de sexo después de haber leído tres libros de cuentos seguidos, es simplemente imposible.

2. Intenté explicarle por qué tenía complejos. Me preguntaba por qué no era suficiente para mí que él me dijese lo guapa que estaba, y eso me hacía sentirme como una imbécil, horriblemente imbécil.

Así que después de muchas lágrimas y calamares al curry, se me ocurrió el plan de hacer el amor todos los días durante un año, si no había problemas médicos o logísticos mediante, y a él le pareció bastante bien. Ojalá pudiera decir que fue una decisión profunda, pero la verdad es que me preocupaba que él estuviese perdiendo el interés por culpa de mi inseguridad, y que se estuviera poniendo nervioso al oírme decir cosas como "¿¡A que suena muy bien tener dormitorios separados!?"

(Alerta spoiler: Todavía voto por dormitorios separados, pero porque ronca y tiene bruxismo, y está en contra del color menta y los edredones.)

Pensamos que si nos concentrábamos en la intimidad, podríamos recuperar todo lo que, durante los siete años tras el nacimiento de nuestra hija, habíamos evitado por el cansancio y la falta de confianza. Así es como conseguí superar mi miedo a comer ostras y a conducir en la nieve. Te obligas a hacerlo hasta que ya no te das cuenta de que saben a moco o de que no puedes controlar tu vehículo. Te obligas a hacerlo hasta que de repente, te encanta.

No puedo hablar por Andy, excepto para decir que se lo pasó realmente bien, pero para mí, un año de relaciones sexuales tenía poco que ver con sacar a flote mi sexualidad y mucho con conseguir que mi cerebro dejase de actuar como un gilipollas cuando me quitaba la ropa.

Al principio fue bastante duro. Me pasaba el tiempo preparándome. Medalla #5 de baño y depilación: DESBLOQUEADA. Llegaba al final del día, y mientras me inclinaba sobre el lavabo para limpiarme la cara, pensando en las sábanas limpias y en dormir, me daba cuenta de que todavía me quedaba lo de hacer el amor, y era como, "guay, venga, otra tarea diaria".

Pero luego dejó de ser una tarea, y se convirtió en el momento de más paz del día. Cuando podía hablar con mi marido sabiendo que me estaba escuchando y no viendo la televisión con el rabillo del ojo o concentrado en sus construcciones de Lego.

Se lo conté a algunos amigos y todos decían más o menos lo mismo: "Oh, yo nunca podría hacer eso". Y lo entiendo perfectamente, pero yo aprendí mucho sobre mí misma entre las sábanas.

No eres tú, soy yo. Deja de estar tan raro.

No me gustaba mi barriga. Mis muslos. Cómo me veía cuando me tumbaba de espaldas. Un montón de cosas irracionales, en realidad, y siempre la misma conversación sobre el mismo tema con Andy, explicándole que soy demasiado consciente de mí misma y que no me siento sexy, seguido por 10 minutos en los que él me dice lo atractiva que soy, y luego otros 30 minutos más, dolido, porque eso no sea suficiente para dejar de sentirme mal. Así que además de sentirme insegura, me sentía idiota. Eso tenía que parar. Necesitaba explicarle que era genial que él me viese así, pero que si yo no conseguía verlo también, no servía de nada. Eso, si quería que yo participase y no fuese un mero agujero tumbado en la cama. Costó bastante que comprendiera que el hecho de que yo no me sintiese sexy no era un ataque contra él, y que él se sintiese mal sobre el tema me hacía sentirme todavía peor. Yo también quería disfrutar del sexo. Y para mí, la clave para poder disfrutarlo es sentirme segura y atractiva, y eso era cosa mía, no suya, aunque tener a alguien animando al lado era un plus.

Pronto aprendimos que el sexo con una Brittany segura es mucho mejor.

Las bragas bonitas me hacen feliz.

No es ningún secreto que me encanta la moda y jugar a disfrazarme, pero en casa, en modo madre/esposa/sofá, optaba por lo fácil. Y eso está bien. En serio, no creo que haya que ponerse tacones para ir al súper o pantalones para llevar a los niños al cole cuando ni siquiera vas a salir del coche y, total, es desperdiciar unos pantalones limpios. Pero un día que hacía mucho calor, me estaba arreglando para ir a una boda cuando decidí cambiar la faja por ropa interior normal, y entonces me dí cuenta de que la única ropa interior que tenía eran bragas de maternidad andrajosas o de 99 céntimos la pieza, de esa que compras para los días de regla. No me extraña por qué no me sentía sexy, si tenía la ropa interior de una señora mayor con incontinencia.

Así que me fui a una tienda y me abastecí con paquetes de 5 bragas por 25 dólares. Algunas eran lisas y otras de encaje, y puestas me hacían unas caderas preciosas. Me permitía andar del vestidor al cuarto de baño en bragas, en contraste con las carreras que me daba antes envuelta en una toalla, con la faja escondida hecha una bola cuando pensaba que Andy no me veía.

Volví a comprar más ropa interior, e incluso algo de lencería que me probé en la tienda y le envié fotos a Andy en el trabajo. No hace falta decir que eso le excitó, pero era mucho más que eso. El esfuerzo que puse en ponerme bragas bonitas, incluso aunque fuese para llevar vaqueros o pantalones de chándal, me hizo sentir increíblemente atractiva, justo lo que mi cerebro necesitaba.

Yo soy mi propia abogada en el sexo.

Me gusta ponerme de rodillas y yo no tengo orgasmos cuando él está dentro de mí, sino cuando está fuera. Me gusta el sexo oral, pero no me gusta que me toquen los pezones porque no siento nada. Tampoco me gusta sentir el aliento de alguien en el cuello, porque tengo muchas cosquillas y se me pone la piel de gallina y los pelos de las piernas me crecen más deprisa. Por favor, deja de hacer eso.

¿Todo eso? He tenido que trabajar en que no me cueste decir todo eso en alto, y superar la idea de que soy una ninfómana egoísta y exigente. Merezco disfrutar del sexo igual que él, y en lugar de esperar que él averiguase qué me gusta, lo cual es totalmente injusto para los chicos, por cierto, decidí encontrar mi voz y usarla.

Casualmente, fue muy excitante.

¿Y ahora qué, ninfómana?

Ya no tenemos la atadura de hacerlo todos los días, pero sin duda, el hacer un mayor esfuerzo nos ha ayudado a ser mucho más abiertos entre nosotros. Cuando tienes una alerta mensual en tu calendario de Google que dice "depilación de testículos", creo que uno está preparado para hablar de casi cualquier cosa.

    05 de agosto 2013

    para: andy@email.com
    de: brittany@email.com

    Vale chaval, segundo intento, cinco partes que te gustan de mi cuerpo.

    para: brittany@email.com
    de: andy@email.com


    ¿Sólo cinco? Me quedaría con la curva de tu cintura entre tus pechos y el culo, el sitio donde te pones perfume en la muñeca, tu pelo suelto por la mañana, la piel tan suave entre tus pechos, y todas las pecas de los brazos y los hombros.

    para: andy@email.com
    de: brittany@email.com

    Qué raro, esas son también mis cinco partes favoritas. Tenemos gustos muy parecidos en zonas corporales; un día te tengo que enseñar la colección que tengo en el congelador.
 
 
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